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Estela C: ¿El descubrimiento más importante para la lingüística de las culturas mesoamericanas?

Estela Covarrubias

Estela Covarrubias

Por Lucía Hernández Soria

El hallazgo de la Estela C en Tres Zapotes por el arqueólogo Matthew Stirling en 1939, es el descubrimiento más importante para la lingüística de las culturas mesoamericanas, al contener las inscripciones más antiguas dentro de un sistema de escritura organizado anterior al maya, causando controversia en el momento en que se publicó la posibilidad de que existiera una pieza con jeroglíficos que mostraba la secuencia numérica de puntos y barras en un sistema calendarizado desarrollado por un grupo del protoclásico de la rama olmeca.

Estela Covarrubias, Lado anterior

Estela Covarrubias, Lado anterior

La Estela C, se trata de una talla sobre piedra basáltica en la que se puede observar en su parte frontal una figura antropomórfica dentro de un trazo geométrico característico de la cultura olmeca, así como rasgos en el rostro que corresponden al último estilo que mostró esta civilización, cuyo significado más aceptado es el de una efigie de una deidad masculina relacionada con la lluvia, al mostrar la simbología clásica que describió el investigador Miguel Covarrubias acerca de las formas y rasgos distintivos de este dios olmeca, del cual no se tiene el nombre pero que es representado con los ojos hinchados derramando lagrimas y con la boca expresando un gruñido en una clara alusión al jaguar, un animal sagrado de la lluvia.

Eeste prototipo olmeca, según el trabajo de Covarrubias publicado en 1946, es el origen ancestral del culto religioso a los dioses de la lluvia, derivándose a la personificación de Chaac dentro de la cultura maya, a Cocijo de los zapotecos e incluso a Tláloc para los aztecas.

Mientras que en la parte posterior se encuentran las inscripciones numéricas que indican la fecha por periodos, que al ser bloques numerales se puede colocar con exactitud dentro de un calendario solar como el que se utiliza en la actualidad, por ello se puede saber el día, mes y año en que sucedió un evento, en este caso corresponden las inscripciones al día 3 de septiembre del año 32 a.c. ubicándole como un registro de una probable inundación.

Estela Covarrubias, lado posterior

Estela Covarrubias, lado posterior

Si bien, cuando se encontró esta Estela C no contaba con el fragmento inicial de la serie numeral, por lo que se llegó a la fecha por la precisión en el orden de la secuencia, obteniéndose matemáticamente el coeficiente faltante, el “B’aktun 7”, que dio como resultado el año.

La postura de los arqueólogos que defendían la idea de que los mayas inventaron este sistema numérico rechazaron la idea argumentando que un error les daría 400 años de diferencia, hasta que en 1968 los investigadores Francisco Beverido y Roberto Williams encontraron el fragmento faltante, que fue nombrado como la Estela Covarrubias y demostró que el origen de esta escritura es olmeca.

Esta expresión escrita de la cultura olmeca recibió el nombre de “B’aktun 7” en 1957 por Michael Coe, cuando realizó por primera vez un estudio epigráfico como un grupo independiente, lo que le reconoció como un lenguaje separado con sistema de escritura que se le conoce con el nombre de epiolmeca o istmeño, el cual corresponde a una lengua anterior de la familia mixe-zoque, lo que demostró la existencia de un grupo definido con una iconografía compleja que les permitía expresar las ideas de temporalidad que les eran atribuidas a los mayas, esto permitió que piezas asociadas a erróneamente a otras culturas se les diera un trato distinto organizándolas como parte del Período Formativo Tardío y que poseen indicadores de una transformación cultural más allá de los olmecas, pero con una fuerte identificación de la pictografía que sigue presente en su formación y del que evolucionaron, conforme a la investigación de Javier Urcid  presentada en el 2012, dos grandes ramas de comunicación escrita por un lado con el maya y por otro el zapoteca, que a su vez derivo en el Epiclásico en el Antiplano Central  llegando hasta los mexicas.

Aun cuando Estela C se encuentra cronológicamente como la pieza de mayor antigüedad que se ha encontrado en la región, el descubrimiento en 1999 del Bloque de Cascajal por los arqueólogos Carmen Rodríguez Martínez y Ponciano Ortiz Ceballos supone que se trate de una pieza aproximadamente del año 200 a.c. pero que aún no se ha podido descifrar, algunos expertos aseguran que se trata un equivalente a la “Piedra de Rosseta” que ayudo a entender los jeroglíficos egipcios, de ser así se recuperaría un lenguaje desaparecido, cabe mencionar que algunos dudan de su autenticidad, pero los estudios que se realizan desde el 2005 aseguran que la pieza es genuina.

Para más información:

Algunas consideraciones sobre la “Estela C” y su complemento, la Estela Covarrubias

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