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El Anschluss: La anexión nacionalsocialista de Austria

Desfile de Hitler de camino a la Cancillería del Reich el 16 de Marzo, recién llegado de Viena

[Vasconcelos] Winston Churchill, y posteriormente la historia oficial, retrató la anexión de Austria como parte ‘del loco plan de dominio mundial’ de Alemania, siendo esta llevada a cabo en contra de los deseos de los austriacos. ¿Realmente fue así? Este artículo describe someramente el Anschluss (palabra alemana que significa “unión”) de 1938 y trata de analizar la legitimidad de éste hecho, atendiendo a la situación internacional y la voluntad de los pueblos en cuestión.

Los antecedentes y hechos políticos:

La unión de Austria con Alemania había sido expresamente prohibida por el Tratado de Saint Germain en Laye de 1919. La situación política de Austria en los años previos al Anschluss fue poco tranquila. En las elecciones de 1932 Engelbert Dollfuss fue elegido canciller, sin embargo, su situación política no era fácil; su coalición estaba en minoría en el Parlamento y debido a las consecuencias de la Gran Depresión, que no había sabido remontar, tampoco gozaba con el apoyo del pueblo austriaco.

Engelbert Dollfuss (1933)

Debido a esta inestabilidad, Dollfuss resolvió disolver el Parlamento en marzo del 33 y se erigió en dictador de Austria.
En junio de 1933, principalmente debido a la amenaza política que suponían los grupos nacionalsocialistas, se prohibió las actividades políticas del NSDAP. En este año también se ilegalizaría el partido comunista austriaco, el KPÖ por similares y realistas motivos, como veremos a continuación.

En febrero de 1934 tendría lugar un levantamiento de los partidos de izquierda y comunistas, que sería reprimido mediante la violencia. A raíz de esto, también se prohibió al SPÖ, partido socialdemócrata de Austria. El siguiente intento de golpe de estado correría a cargo de los nacionalsocialistas, en julio de 1934, que asesinaron al dictador Dollfuss. A pesar de conseguir descabezar el régimen, se consiguió reprimir el alzamiento, que no logró finalizar la dictadura de Dollfuss.

Así pues, tomó el poder el Frente Patriótico, un conjunto de grupos sociales que ni estaba elegido por el pueblo ni contaba realmente con su apoyo. Esta agrupación elige a Kurt Schuschnigg como nuevo canciller del régimen. Debido tanto al clima político como a la recesión del país es evidente la falta de poder político real que tenía este líder.

Hitler, austriaco de nacimiento había expresado en múltiples ocasiones su voluntad por la unificación. En 1936 la posición de Schuschnigg le obliga a firmar el Tratado austro-alemán  mediante el cual se reconoce a Austria como a un Estado alemán. También volverá a legalizar el NSDAP en Austria.

El 12 de febrero de 1938 Schuschnigg se reúne con Hitler en Berchtesgaden donde Hitler le conmina a que permita la unificación entre ambas naciones. Éste parece aceptar lo inevitable, incluso se nombra al político del NSDAP, Artur Seyss-Inquart, ministro del interior. Sin embargo, a su vuelta a Austria pretenderá convocar un plebiscito, para el día 10 de Marzo, con la intención de fortalecer su posición de servidor del pueblo austriaco para así evitar la unificación por su acción unilateral.

Kurt Schuschnigg (1936)

La convocatoria de este plebiscito es duramente criticada en Alemania, de forma que Hitler llama a Schusnigg y le da un ultimátum para que abandone el poder a favor de los nacionalistas austriacos. Schusnigg, sin apoyos de ningún tipo, no puede mantener su postura y se ve obligado a dimitir. Artur Seyss-Inquart, ministro del Interior de Austria es nombrado canciller, y la noche del 11 de Marzo pide a Hitler el envió de tropas para garantizar la seguridad en el cambio de régimen.

Finalmente, las tropas alemanas cruzan la frontera en Passau el 12 de Marzo a las nueve de la mañana llegando a Linz a mediodía y a Viena la madrugada del día siguiente. La unión de Austria a la “Gran Alemania” era ya cosa hecha.

El 10 de abril se realiza un plebiscito para rubricar popularmente la unión de Austria al Reich. Los resultados son de un 99,7% a favor de la unión.

Ahora me propongo diseccionar las dos visiones de la unificación, para acabar justificando el Anschluss como un proceso inevitable y deseado por ambas naciones que ninguna otra tenía derecho de evitar, respetando la libre determinación de los pueblos.

Versiones contrapuestas
 
Hay dos visiones fundamentales acerca de la legitimidad del Anschluss. La primera es crítica respecto de esta unión. Históricamente está ligada a la visión de los franceses e ingleses, que empezaban a mostrar su animadversión hacia Alemania ya de aquella y  recrudecerían su postura posteriormente, durante la guerra y la posguerra.

Primero trataré esta visión apoyándome principalmente en la opinión difundida en Inglaterra, y expresada por Winston Churchill en sus Memorias. También la enciclopedia británica se basa en las tesis del famoso estadista.

Comienza de esta forma el primer Ministro el tema titulado “La expoliación de Austria”:

“En general, en nuestra época, cuando un Estado es vencido en una guerra conserva su estructura, su identidad y el secreto de sus archivos. Pero en esta ocasión, como la guerra se libró hasta las últimas consecuencias, nos hemos apoderado por completo de los detalles íntimos del enemigo, a partir de los que podemos contrastar nuestra propia información y lo que hemos hecho” 1.

Este párrafo pretende dar credibilidad y veracidad a su relato, que como veremos, es de todo menos veraz. Creíble sí que resulta, por desgracia.

Prosigue Churchill afirmando que la invasión de Austria estaba ya prevista en julio de 1936, habiendo sido encargado el plan (nombre en clave “Otto”) al Alto Mando alemán. Hitler también deseaba la invasión de Polonia, Bielorrusia y Ucrania, mediante una “gran guerra” que conseguiría “el exterminio de los pueblos que vivían en esos lugares” (sic) y así lo informó a la cúpula militar un año después de encargarles “Otto”.

Es evidente la intención de Churchill es al de pintar al Estado Alemán como un monstruo hambriento que planea invadir todo el mundo en un loco afán destructivo, para hacer más verosímil la idea de que la invasión de Austria fue una agresión más de Alemania, una agresión que “permitieron” los Gobiernos de Francia e Inglaterra “en el intento de calmar a Hitler”. Informa a sus lectores del golpe de estado, llevado a cabo por los nacionalsocialistas austríacos, que costaría la vida a Dolffuss, pero no hace referencia ni al anterior golpe de los partidos de izquierdas y comunistas ni tampoco explica la naturaleza del gobierno dictatorial austríaco. Es evidente que trata de pintar la actuación de Alemania como brutal e injusta, contando la historia a medias.

Acerca de la reunión de Hitler con Schuschnigg en Berchtesgaden Churchill afirma que en ésta Hitler amenazó con una guerra civil, presionándo así a Schuschnigg. La respuesta de éste es apenas un esbozo conciliador o incluso sevil; básicamente admite cualquier condición alemana para evitar la invasión.

Así, la intervención alemana no parece sino un ultimátum corriente al invadir un país militarmente. Algo que no dice es que tal guerra en las fronteras en 1938 no es posible, como Hitler y Schuschnigg saben. Y como nosotros mismos sabremos al acabar de leer este tema.  

Después de la dimisión de Schussnigg, Churchill relata así la renuencia del presidente Miklas a nombra a Seyss-Inquart como nuevo canciller, tal y como piden los alemanes:

“El anciano presidente [Miklas] se obstinó: “De modo que en el momento decisivo me dejan solo” y se negó categóricamente a nombrar a un canciller nazi. Estaba decidido a obligar a lo alemanes a cometer un hecho vergonzoso y violento. Pero estos estaban preparados para ello. Hitler dio órdenes a las Fuerzas Armadas alemanas para la ocupación militar de Austria. Así comenzó la operación “Otto”, estudiada durante tanto tiempo y tan bien preparada”

Posteriormente nos relata Churchill la “vergonzosa y violenta” invasión de Austria, la cual transcribo íntegra porque no tiene desperdicio (atención a las llamadas):

“El cabo austríaco siempre había soñado con una entrada triunfal en Viena. La noche del sábado 12 de Marzo, el Partido Nazi de la capital había organizado una procesión con antorchas para recibir al héroe conquistador, pero no acudió nadie (1). Tres bávaros cariacontecidos, que habían llegado en tren para organizar el alojamiento del ejército invasor fueron llevados en andas por las calles. La causa del problema se dio a conocer al poco. Después de atravesar la frontera con paso tambaleante, la maquinaria bélica alemana se paralizó cerca de Linz. A pesar de que las condiciones meteorológicas y el estado de las carreteras eran casi perfectos, la mayoría de los carros de combate se estropearon. Aparecieron defectos en la artillería pesada motorizada. La carretera de Linz a Viena quedó bloqueada por vehículos pesados paralizados (2). Al general von Reichenau, el favorito de Hitler, comandante del IV Grupo del Ejército se le atribuyo la responsabilidad de una avería que reveló la inmadurez del Ejército alemán en esta etapa de su reconstrucción.

El propio Hitler, que atravesó Linz en coche, presenció el atasco y se enfureció (3). Retiraron de la confusión los carros de combate ligeros, que llegaron rezagados a Viena en la madrugada del domingo. Los vehículos blindados y la artillería pesada se cargaron en vagones de ferrocarril y sólo así llegaron a tiempo para la ceremonia (4). Son muy conocidas las imágenes de Hitler recorriendo Viena en coche, en medio de multitudes exultantes o aterrorizadas. Pero este momento de gloria mística tuvo un antecedente turbulento. De hecho el Führer estaba furioso por el evidente descalabro de su aparato militar. Reprendió a sus generales y éstos le respondieron recordándole su negativa a escuchar a Fritsch y sus advertencias de que Alemania no estaba en condiciones de correr el riesgo de un conflicto importante (5).”

 Posteriormente cotejaremos esta versión de Churchill con la versión de un testigo directo de los hechos.

La policía fronteriza alemana y austriaca desmantelan un puesto fronterizo

Nada comenta Churchill del plebiscito que refrenda la unión austro-alemana. Y es que me parece que las acusaciones de fraude son cosa posterior; realmente poca gente en la época podría tragarse fácilmente que los austriacos, como pueblo, no deseaban pertenecer al Reich.

Vamos ahora, pues, con la otra versión, sostenida tanto por alemanes como por austriacos. Según ésta versión, el Anschluss fue completamente legítimo y se llevó a cabo por la libre voluntad de los pueblos austriaco y alemán. Como exponentes de esta versión veremos las explicaciones de Otto Skorzeny, ingeniero austriaco y Heinz Guderian, general alemán. Ambos estuvieron presentes durante el Anschluss; Skorzeny como un ciudadano austriaco más en Viena y Guderian con el ejército “invasor” alemán.

En referencia a la prohibición de la unión con Alemania del tratado de Saint Germain recuerda Skorzeny:

En el año 1919 el Parlamento austriaco  aunque con mayoría socialdemócrata, había adoptado el lema, con un solo voto en contra, de que “la Austria alemana era una parte integrante de la República Alemana.[…] Las votaciones efectuadas en el Tirol y en Salzsburgo [1921] dieron una mayoría del 90% de votos a favor de una unión con Alemania. Este “detalle” no lo tuvieron en cuenta los aliados, a pesar de haber sido ellos mismos los que promovieron tales votaciones y prohibieron al pueblo que llevase a efecto su deseada unión con Alemania”.

El deseo de la unificación no era, de ninguna forma, asunto exclusivo de los nacionalistas austriacos, afines al NSDAP, sino que se extendía a la mayoría de grupos políticos y a la práctica totalidad de la comunidad votante austríaca. Prueba de esto es la labor del canciller socialdemócrata Karl Renner (1918-1920) quién defendió incansablemente la unificación con Alemania, y cuando ésta sucedió finalmente en 1938 llegó a felicitar a Seyss-Inquart personalmente por éste triunfo. También el partido socialcristiano era favorable a esta unión, contando también con el apoyo de todo el clero austriaco, tanto católico como protestante.

Siendo tan clara la voluntad del pueblo austriaco se entiende perfectamente por qué un Gobierno austriaco contrario a esta unión solo podía mantenerse mediante una dictadura indolente hacia los deseos de su pueblo.

“A partir de aquella fecha [la prohibición del NSDAP por Dollfus en 1933], el Gobierno austriaco sólo pudo ser considerado como una dictadura, y si robusteció su poder fue debido a causas resultantes de situaciones que fueron surgiendo paulatinamente.

El Gobierno se basaba en una minoría que actuaba en el Parlamento hábilmente, evitando las situaciones que pudieran conducir a unas elecciones libres, de lo que resultaba que las actuaciones gubernamentales no tuviesen nada de democrático. No se invitó al pueblo, ni una sola vez, a que expusiera sus opiniones; no se le dio ni la más mínima oportunidad para que accediera a los puestos directivos.”

Es innegable, por tanto, que el régimen autoritario de Dollfuss, y su sucesor Schuschnigg, no poseía apoyo popular y que, por tanto, sus decisiones no estaban legitimadas por la libre voluntad del pueblo austriaco.

En los años posteriores no sólo permanecería el infatigable deseo de la unión Alemana, sino que también en el seno del pueblo austríaco fructificaría la semilla del NacionalSocialismo, como había ocurrido y estaba ocurriendo con sus vecinos alemanes.

En vista de los éxitos que cosechaba el NSDAP con su gobierno en Alemania en los corazones de los austriacos no podían sino aumentar los deseos de que la unificación se llevase a cabo lo antes posible. Austria no gozaba ni de una buena situación económica ni política, como si que lo hacía Alemania, con su erradicación del paro, aumento del nivel de vida de la clase obrera, el respeto internacional y la suficiente fuerza para deshacerse del yugo de Versalles que oprimía a las naciones germanas.

Es interesante rescatar el análisis de Skorzeny respecto a las labores de desinformación y propaganda antigermana que ya se estaba llevando a cabo desde mediados de la década. Puede dedicarse, sin duda, esta crítica no sólo al fragmento de las memorias de Churchill, sino a su totalidad prácticamente entera. Cito:

 Como es de suponer, nosotros, los austriacos, no escuchábamos las opiniones contrarias a nuestra unión, tan deseada, con Alemania. Tales opiniones y exposiciones eran tan subjetivas, tan poco congruentes y consistentes, además de estar fundamentadas en falsedades en la mayoría de los casos, que no encontraban, siquiera, un eco que pudieran servirles de trampolín para tener efecto en la opinión pública, ya que no había base suficiente para menospreciar los grandes éxitos obtenidos por la política alemana en aquel entonces”.

Conociendo ahora como conocemos la inexorable voluntad del pueblo austriaco cabe preguntarse por qué Schuschnigg pensaba que mediante su plebiscito del 10 de Marzo del 38 conseguiría fortalecer su posición contraria al Anschluss.

No necesariamente se debió a un previsible fraude en las elecciones; en realidad el plebiscito de Schuschnigg era tan contradictorio y vago que sólo serviría como votación para legitimar al poder que lo había convocado. Explica así Skorzeny el asunto:

 “Schuschnigg había tomado la decisión de facilitar las elecciones a espaldas de su propio gabinete. Se exigía al pueblo austriaco que alzara su voz para llegar a la formación de “un Estado libre y alemán, independiente y social, cristiano y puramente austriaco, que prometiera la paz y el trabajo, la igualdad de todos ante el pueblo y la Patria”. La respuesta afirmativa a tales trivialidades, y a otras cosas sobre las que todos estábamos de acuerdo podía ser tomada como una demostración de poder de Schuschnigg. Era como si se le hubiese preguntado al pueblo si deseaba la paz, la felicidad, el bienestar… No puede dudarse de que la respuesta habría sido un unánime “sí”; un “sí” que habría robustecido la legitimación de un poder que no se había atrevido a enfrentarse, de verdad, con unas elecciones libres.”

No debe extrañarnos la contradicción de los términos del plebiscito. Para lidiar con una opinión pública contraria a sus designios, Dollfuss también se vio obligado a tratar de engañar a su pueblo con zarandajas por el estilo. Por ejemplo, al firmar el tratado austro-alemán de 1936 había afirmado públicamente una cosa tan curiosa como que Austria era un país “independiente, cristiano y alemán”…

Por fin, llegamos a la marcha del ejército alemán sobre Austria, a la que tan imaginativamente se refiere Churchill en sus memorias.

Para empezar, la marcha de antorchas que Churchill sitúa el 12 de Marzo (1), tuvo lugar el día anterior, y contrariamente a lo que afirma, el pueblo vienés acudió en masa, cientos de miles de personas. Dice Skorzeny:

“Vi desfilar a la primera columna de antorchas; al poco rato era engrosada por una inmensa y “luminosa” masa de gente. […] Las calles principales estaban abarrotadas de gentes que portaban antorchas y la plaza de los Héroes se llenaba de una masa delirante que cantaba y gesticulaba”.

Cuando esta marcha de antorchas llegó al edificio Gubernamental salió al balcón (adornado con la bandera del NSDAP) Seyss-Inquart, quien anunció el fin del antiguo régimen y la formación del nuevo Gobierno austriaco. La respuesta del pueblo vienés:

“La alegría de la gente era inmensa; todos estaban muy contentos de haberse desembarazado de un gobierno que no satisfacía sus deseos ni cumplía sus promesas. Las escenas que presencié, fruto del entusiasmo, eran inenarrables. Todos los rostros que me rodeaban estaban radiantes de entusiasmo; todas las gargantas gritaban de alegría. El himno nacional alemán era cantado por centenares de voces; la multitud se sentía liberada, comprendida, entusiasmada.”

Por cierto que esta marcha de antorchas fue organizada por los propios austriacos, dirigentes de las asociaciones deportivas pro-alemanas, que muy seguramente serían NacionalSocialistas pero no eran, por cierto, el Partido Nazi.

Después de su nombramiento, Seyss-Inquart telefonearía a Hitler para pedir el envío de tropas. Si bien la situación no era grave, el alcalde de Viena, Richard Schmitz, antinazi y adicto al régimen, había armado las formaciones comunistas y el peligro de conflicto, o de un intento de golpe de estado era real. Afortunadamente, las acciones de esta minoría no consiguieron alterar el pacífico curso de los acontecimientos. Skorzeny desempeñaría personalmente un papel destinado a evitar el derramamiento de sangre, si bien, por no ser necesario para el tema, no será analizado aquí.

Así pues, Hitler decreta la entrada de la Wehrmacht para el mismo día siguiente.

Churchill asegura que la invasión de Austria estaba planeada, y bien planeada, desde hacía ya mucho tiempo. Parece difícil de creer cuando el propio general Guderian afirma que había generales que no disponían de mapas de Austria, que la noche anterior a la operación ni tan siquiera se había movilizado una columna de aprovisionamiento y que, de hecho, se rogó a las gasolineras austriacas desde Passau hasta Viena que se pusieran en servicio permanente para proveer de combustible a la columna mecanizada alemana.

Es claro que tampoco hacía falta un plan de invasión desarrollado, pues no era posible tal invasión, sino que todo se reduciría a una unificación pacífica con el apoyo del pueblo austriaco. Dice Guderian al respecto:

“Antes de despedirme de Sepp Dietrich [sobre las 23-24 h del 11 de Marzo] me dijo que él dependía del Führer y me informó de que la ocupación se realizaría sin combatir. Debía ser para ambas partes un alegre acontecimiento. Así pues, pensé que,como muestra de nuestras intenciones pacíficas, podíamos adornar nuestros carros con ramaje verde. Rogué a Sepp Dietrich que lograse el permiso del Führer para la adopción de esta medida y lo obtuve media hora más tarde.”

Así, la columna alemana atravesaría la frontera a las 9 h del día siguiente entre las aclamaciones del pueblo austriaco.

Describe así Guderian su viaje desde Passau hasta Linz:

“El adorno de los carros de combate probó su eficacia. El pueblo veía que llegábamos con propósitos pacíficos y el recibimiento fue sumamente cordial. Los veteranos de la I Guerra Mundial salían al camino con sus condecoraciones en el pecho y nos saludaban. Los vehículos fueron adornados en los descansos y los soldados obsequiados con alimentos, apretones de manos, abrazos, lágrimas de alegría. Ninguna disonancia perturbó la unión tan vivamente deseada por ambas partes y repetidamente estorbada y desvanecida. Los hijos de un mismo pueblo, separados por una desdicha política desde hacía siglos, se reunían llenos de júbilo.”

Formación de la tropas alemanas en Linz

Hitler pasando revista a las tropas. El Bundesarchiv sugiere que esta foto corresponde a Linz, en la fecha de la que hablamos, siendo los soldados los pertenecientes al Regimiento de Infantería nº 19

Multitudes en la Hauptplatz de Linz. Guderian estima en torno a 60.000 los austriacos que acudieron a aclamar el discurso crepuscular del Führer

Comenta Guderian pormenorizadamente el texto, antes citado, de Churchill. Acerca de la avería que mantuvo detenida a “la tambaleante maquinaria bélica alemana” en Linz dice Guderian:

“La máquina de guerra alemana había sido detenida en Linz por mí, solamente para el recibimiento de Hitler, sin que hubiera otro motivo para tal detención (2).[…] No podían ocurrir averías en la artillería pesada, porque no la poseíamos […] En aquel tiempo predominaban en nuestro ejército los carros ligeros. Los pesados era aún menos usados que la artillería pesada y por eso tampoco podían ser cargados en ferrocarril (4)”.

Sobre el enfado que Churchill atribuye a Hitler y la bronca echada a sus generales:

“Como anteriormente he dicho recibí a Hitler en Linz. No mostró la menor cólera. Fue quizá la única vez que lo vi enternecido. Durante su discurso a las masas entusiasmadas, estuve junto a él en el balcón de la Casa Ayuntamiento de Linz de Linz y pude observarle perfectamente. Las lágrimas le corrían por las mejillas. […] Ningún general fue atropellado ni hablado con brusquedad, al menos nada he sabido de esto. Tampoco pueden serle atribuidas las mencionadas contestaciones sobre este particular.”

Churchill es incapaz de decir verdad ni siquiera sobre el estado del tiempo;

 “El tiempo era malo; en las primeras horas de la tarde empezó a llover y después sobrevino una gran tormenta de nieve.”

Y ya la puntilla viene de los “tres bávaros cariacontecidos”:

 “Por lo que he podido saber ningún pelotón de bávaros se dirigió hacia Viena el día 12 de Marzo. Los tres “cariacontecidos bávaros” debieron de llegar por los caminos del aire”. 

Siguiendo su camino, la columna alemana llegó a Viena el 13 de Marzo, siendo aclamada de la forma habitual por los vieneses. Describe así el hecho Otto Skorzeny:

“Desde la Mariahilferstrasse presencié la enterada de las tropas alemanas en Viena. La anchurosa calle se había convertido en un mar viviente. Todas las floristerías habían agotado sus existencias. Me sentía tan feliz como mis conciudadanos; chillaba desaforadamente igual que ellos. Y recibí a los alemanes como a mis hermanos de sangre, de los que nos habían separado cuestiones políticas. […] ¡Viena no había recibido nunca con tanto júbilo a un ejército como recibió aquel día a los soldados nacional-socialistas!”

Soldado alemán arropado por las multitudes a la llegada a Viena

Al día siguiente se produciría la entrada triunfal de Hitler en Viena. Para el día 15 tuvo lugar un desfile militar de los ejércitos austriaco y alemán. Hitler, de pie a bordo de coche sin capota como era su costumbre, saluda a los cientos de miles de vieneses que se agolpan para recibirle.

Hitler de camino al Hofburg, en la Heldenplatz (plaza de los Héroes)

Fotos de cientos de miles de austriacos reunidos para recibir a Hitler, en la Heldenplatz y de camino a ésta. No se ven rostros horrorizados

Resumiré la “toma de Viena” con el siguiente párrafo:

“En esta gloriosa hora, puedo anunciar al pueblo alemán el acontecimiento más decisivo de mi vida. Como Führer y Canciller de la nación alemana, participo del momento histórico en que mi Patria entra a formar parte del Reich alemán”

Adolph Hitler en el discurso del 15 de Marzo de 1938 ante una Heldenplatz completamente abarrotada.

Después de estos acontecimientos se anunciaría la votación del nuevo plebiscito para el 10 de abril de 1938, que refrendaría la unificación con una mayoría aplastante, mayor al 99% de los votantes.

Ante tanta muestra de apoyo popular a la unificación parece obvio el resultado de este plebiscito. Sin embargo, hay quienes se empeñan en empañar la legitimidad de este plebiscito. Por ejemplo wikipedia, si bien afirma la legitimidad del resultado, critica el proceso electoral. Estamos acostumbrados a tales contrasentidos.
De forma parecida, parece que también extraña el resultado a quienes piensan que sólo los partidarios del NSDAP eran favorables a la unificación. Nada más lejos de la realidad.

Ya hemos comentado que uno de los pioneros de la unificación fue el socialdemócrata Renner. Precisamente Renner se declaró a favor del “Sí” al plebiscito, cosa que no hizo sino poner de manifiesto que la cuestión de la unificación estaba casi por encima de las divergencias políticas de los austriacos. Valga, como un ejemplo más de esto, las palabras de Skorzeny, por aquel entonces dueño de una pequeña empresa dedicada a la construcción. El ingeniero afirma lo siguiente acerca de sus empleados:

“Puedo afirmar con certeza que mis obreros, de los que ya he hablado, que eran de extrema izquierda, votaron unánimemente “Sí”.

También los obispos se mostraron favorables al “Sí”. Podemos citar la Carta del 18 de Marzo de 1938, firmada por los obispos de Viena, Klagenfurt, St.Polten, Slazsburgo, Linz y otros:

“Los obispos bendicen el nuevo movimiento y le otorgan todos sus favores; desean que prevalezca por mucho tiempo y exhortan a los fieles a aceptarlo sin recelo.
Nosotros, los obispos, consideramos como un deber nacional el incorporarnos a al Reino alemán el día de las elecciones populares y el considerarnos como alemanes. Por ello, deseamos que todos los cristianos creyentes sepan que se deben a su pueblo.”

Hitler saludado por las masas a su entrada a Branau, su pueblo natal

Con todo lo expuesto hasta aquí creo que queda convenientemente demostrada la legitimidad de la anexión austriaca y desmentidas todas aquellas opiniones que aseguran que esta unificación fue en realidad una invasión o un acto expansionista agresivo por parte del gobierno del III Reich.

1. Churchill, Winston. “La Segunda Guerra Mundial”. Ed. Planeta. Vol. I, Libro I, Capítulo XII

Tomado de Mundo Historia

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